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alternativas, consejos, depresion, rabia, superacion, tristeza
A principios del 2000, estando en España, me ofrecieron un trabajo en Rusia como profesora de inglés. Yo, emocionada, ya me veía caminando por Moscú o San Petersburgo, pero la escuela tuvo la gentileza de aclararme que la escuela estaba más cerca de Siberia que la Plaza Roja. Afortunadamente también tenían una página para que los profesores hablaran sobre su experiencia en Rusia. Para hacer el cuento corto, digamos que decidí que la estepa siberiana no era para mí. Pero si hubo un comentario que se me quedo grabado en la mente: “Lo que más me gusta de Rusia es que he encontrado el remedio para todo. ¿Tienes dolor de cabeza? ¡Vodka!; ¿se te acabo el champú? ¡Vodka! ¿Te quedaste sin gasolina? ¡Vodka!”
A continuación esta mi versión de Vodka a nivel espiritual para esos momentos de la vida, en que la depresión, la duda, la rabia y el hastió parecen nublarnos los ojos y pintar todo de gris:
1) Respira. En serio, tomate unos momentos para respirar profundo, hasta el abdomen. Abre los brazos e inhala. Disfruta de la bocanada de aire fresco. Piensa en el don de vida que dicho aire es y como en cierta manera te une a todo lo que es: en su viaje, este aire ha movido hojas en los bosques de Irlanda y arenas en el desierto del Sahara; ha creado tormentas en Fiji y ha llevado dulcemente los pétalos de los cerezos por sobre los techos de Japón.
2) Cuenta tus bendiciones y logros. Haz una lista de todo lo que tienes, a todos los niveles, desde el hogar en que vives hasta los zapatos nuevos, pasando por tu familia, amigos y mascotas. Incluye las experiencias que has tenido y lo que has aprendido de ellas y los logros que te han llevado a saborear el éxito. No estás tan mal después de todo, no? Y si pudiste una vez, obviamente hay en ti una triunfadora, lista para salir otra vez.
3) Haz algo por otros. En vez de rumiar en la oscuridad, haz un esfuerzo determinado de dar algo a un tercero. Puede ser tan loable como unirte a una causa social o tan simple como ofrecerte a descongelar la nevera de tu mama. Pon todo tu tesón en la obra, no tanto para que te den las gracias (aunque siempre es bueno escucharlas) si no para dejar salir esa luz y amor en ti.
4) Haz ejercicio. La primera vez que el psicólogo me mando a ejercitarme porque andaba deprimida me sentí casi que ofendida. Pero el ejercicio ayuda a oxigenar el cerebro y al concentrar en el tienes un respiro de las preocupaciones en tu cabeza. En el mejor de los casos te ayuda a aclarar la mente y ver la situación desde una nueva perspectiva. En el peor, quedas tan cansada que no tendrás energías para sentirte mal, emocionalmente hablando.
5) Sal a la naturaleza. Reconéctate con lo silvestre. Detente a ver cuán alto puede ser un árbol o cuan organizadas son las hormigas. Descubre las diferentes texturas de las hojas y la hierba; déjate llevar por el juego de figuras de las nubes. Descansa en el silencio placido de Madre Natura.
6) Reza, tan formal o informalmente como quieras. Prende velas o sencillamente grita: ¡necesito ayuda!. Ofrécele a la Divinidad una canción de amor, desde boleros a baladas. Arregla tu altar u ofrécete a poner bonita la iglesia mientras conversas con el Espíritu. Háblale en las flores, en el mar, frente al espejo, no porque la Divinidad este ignorante de lo que te pasa, si no porque al hacerlo, te está ofreciendo una forma de terapia espiritual. Lo que me lleva a…
7) Comparte con alguien. Para eso son los amigos y la familia. Busca un confidente espiritual si no quieres involucrar a tus seres queridos, ya sea una consejera, un sacerdote, un maestro espiritual, etc. No temas ir a un profesional de la rama científica si sientes que la cuestión va para largo tiempo. A veces la razón de la depresión es fisiológica y debe ser tratada por los expertos aunque puedes complementar con la medicina alternativa.
