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La vida es un  fluir sobre capas del pasado. Como en los hallazgos arqueológicos o geológicos, cada capa representa una era y afecta en cierta manera a la próxima capa. Siempre hay algo del ayer en el hoy: el resultado de acciones, decisiones y omisiones sirve de trampolín para el nuevo devenir. Para el Druida, conectado a los ritmos de la vida, el pasado es un maestro, no un tirano. Se le reverencia, se aprende de él, se le recuerda y se le usa de inspiración para continuar el viaje humano, ese que comenzó en las praderas de África, o incluso mas allá, en las explosiones de estrellas y el aterrizaje de polvo interestelar. Pero en el coro del  ayer, el Druida también escucha la canción del futuro.

El Druida escucha al futuro al entender que su existencia tiene consecuencias que van más allá de sí mismo. Por ello pondera sus acciones y efectos y toma en consideración todas las ondas expansivas que se pudieran formar. Piensa en la tierra y el destino de la tribu, en el árbol y la paz entre naciones, en los escases que trae el invierno y en las semillas de la primavera. El Druida sabe que no es una isla: por eso toma en consideración sus anhelos y necesidades junto con los anhelos y necesidades de otros.

Escuchar al futuro también significa cuidar los legados. Por ello los Druidas valoraban en gran medida la educación, tanto la académica de conocimientos técnicos e históricos, como la de valores e ideales, pus ambas aseguraban supervivencia al pueblo como tal y le daban al hombre del mañana las bases para su propio crecimiento.

Escuchar al futuro es igualmente entender que todo viene y todo va y lo único que se puede hacer al respecto es disfrutar mientras se tiene y adaptarse a los cambios. Es darle nuevo uso y significado a cosas e ideas ya obsoletas y con ello darles nueva vida. Las grandes construcciones de piedra pre-históricas como Stonehenge, en Inglaterra, habían sido construidas y abandonadas mucho tiempo antes de que aparecieran los Druidas. Sin embrago, ellos encontraron en los antiguos monumentos inspiración e identificación, los adaptaron  y adoptaron a su folklore y los imbuyeron de vida espiritual por siglos. Los Druidas modernos no tienen reparo en tomar técnicas espirituales de otras religiones, como la meditación, las chacras, etc. y amoldarlas a sus necesidades espirituales. De igual manera, se han adaptado a las realidades de la civilización moderna para cambiar ritos y prácticas que se mantengan en el marco de la ley y la buena convivencia.

Escuchar al futuro  es comprender que nuestro paso por la vida, con este cuerpo, este nombre y estas circunstancias, es efímero. Somos energía prestada, como dirían las habitantes de Navii, en la película Avatar, y al final regresaremos a la fuente universal. Los Druidas no solo aceptan esto, si no que  dicha verdad los estimula a apreciar más la experiencia humana. Sus meditaciones busca abrirlos más al mundo físico, porque como animistas que son, ven al Espíritu de la Vida en todo y todos. Así que en cierta manera, el futuro de la muerte los ayuda a llevar a cabo la tarea numero uno: vivir plenamente en el presente.

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